En lo profundo de la Sierra Norte de Oaxaca, San Melchor Betaza no es solo un punto en el mapa; es un ecosistema vivo donde la niebla abraza las montañas cada mañana. Aquí, a más de 1,200 metros de altitud, el clima frío y la humedad constante crean el santuario perfecto para el cultivo del café de especialidad.
Nuestra historia no comienza en una oficina, sino en los suelos volcánicos y ricos en minerales que nuestros abuelos comenzaron a trabajar a mano. Entendieron desde el primer día que la montaña no se domina, se escucha.
A diferencia de los cultivos industriales, el café en Betaza crece bajo la sombra protectora del bosque mesófilo. Este proceso exige paciencia absoluta. Las cerezas maduran lentamente, permitiendo que los azúcares naturales se concentren en el grano, desarrollando esos perfiles complejos y achocolatados que nos definen.
Cada recolección es un acto de precisión. Nuestras familias seleccionan exclusivamente las cerezas en su punto exacto de maduración, un conocimiento que se ha transmitido de generación en generación mediante la observación y el respeto por los ciclos naturales.
B-Taza nace como un puente directo entre el productor zapoteco y la taza final. Decidimos eliminar a los intermediarios que durante décadas marginaron el esfuerzo local, para llevar la pureza de San Melchor Betaza directamente a quienes valoran el verdadero café de especialidad.
Hoy, cada bolsa que tostamos es un tributo a nuestras raíces. Es la culminación de un proceso artesanal que honra la biodiversidad de Oaxaca y garantiza un comercio justo, asegurando que la herencia cafetalera de nuestra sierra perdure por muchas generaciones más.